julio 25, 2006

Reencuentro, recuerdos y respuestas

El fin de semana que termina y que hoy me toca contar, estuvo lleno de elementos que le dieron un sabor distinto a los anteriores. No fue peor, no fue mejor, yo diría que sólo fue, y si digo “sabor distinto”, es porque las palabras: fuerte, amargo y sobrio, fueron parte del tema.El viernes, después de un retraso de más de media hora de mi bus, llegué a Chillán. No llamé a La Marie, porque se suponía que yo debía llegar el sábado, así que decidí volver a Chillán el día sábado como habíamos quedado y bueno, llegué a mi casa y estuve con mi familia durante todo ese día.El sábado, traté de todos modos, hasta que conseguí que mi papá me prestara su tarjeta de crédito de parís para comprarme una cámara digital. Fui a Chillán después del almuerzo, alrededor de las tres de la tarde y llegué allá cerca de las cuatro, pues el chofer pretendía llenar el bus con cuanta gente pudiera. Entre esas personas que tuvieron que irse de pie, subió una señora de buena presencia, bien vestida, con joyas y un olor a perfume caro…, en pocas palabras la típica vieja “cuica”, que me llamó la atención por ser la única entre casi diez personas que estuvo reclamando cerca de veinte minutos de viaje. Lógico hubiese sido que reclamara con alguien, pero iba reclamando sola. Decía “aquí hay que pagar la mitad del pasaje no más, porque no vamos cómodos y para eso yo pago”. “yo pago”, esa frase me quedo dando vueltas. La he escuchado tantas veces en el último tiempo, si hasta yo la he dicho entre bromas con mis compañeros de la universidad cuando algún profesor falta a clases, claro que a la hora de faltar nosotros olvidamos todo lo que “pagamos”.Cuando llegué a Chillán, me bajé en Blockbuster y esperé a mi amiga ahí cerca de veinte minutos. Paseándome de un lado a otro por la vereda que da al estacionamiento. En ese rato, me llamó otra de mis amigas, la Cindy, y me preguntó si podía ir a verla como a las nueve. Quedamos en eso y colgó. Cuando ya pasó media hora de espera, me fui al mall a vitrinear un poco antes de mi compra. Entre al local y cuando ya me tenían todo envuelto, la vendedora me dice que mi papá tenía que firmar el recibo. Lo llamé y mientras el viajaba a encontrarse conmigo me fui a Falabella y me compré un pendrive y después volvía al estacionamiento de Blockbuster. Estaba abriendo el envoltorio de mi nuevo juguete tratando de no verme muy ordinario por hacerlo en la calle, cuando llegó mi amiga con su pololo. Hace más o menos tres meses que no nos veíamos y el abrazo del reencuentro nos dijo que ya era mucho tiempo. Sin salir de ahí, nos pusimos a conversar parados en la vereda donde ahora esperaba a mi papá.Después de la infalible pregunta entre ex-compañeros que no se ven durante un tiempo “a quien has visto del curso”, seguimos recordando y riendo de los mismos chistes de todos los años, pero de forma más amarga, pues con el tiempo las cosas que nos hacían reír, como dice la canción de Alberto plaza, toman forma de recuerdo y nos harán llorar. Llegó mi padre y lo alcanzamos antes que siguiera caminando hacía el mall y después de llevarlo a aportarme con su firma, o la millonaria como diría la Lorena, me despedía de mi amiga y su pololo en las puertas del mall plaza el roble, de Chillán.Durante el viaje de regreso a San Carlos, hablamos de muchas cosas con mi padre. Temas que tal vez muchas veces hablábamos, pero al ser temas del trabajo de mi papá (profesor), en un momento me sentí casi hablando con el de un tema que ahora teníamos en común, la pedagogía. Puede sonar muy cuático, pero para mi es poco común hablar así con mi propio padre, a pesar de haber estado toda la vida juntos y nunca haber tenido grandes peleas (exceptuando cuando hablábamos del teatro), nunca nos damos el tiempo de escuchar al otro.Llegué con otro juguete a la casa. Después de probarlo, sacar algunas fotos y pasarlas al PC, me fui donde la Cindy. Antes de llegar a su casa, me “advirtió” que por si en su casa me preguntaban, nosotros habíamos salido la noche anterior, vaya amiga mía, y ya en la puerta de su casa atiné decirle “Cindy, ¿donde fuimos anoche?”.Estuvimos ahí como diez minutos y nos fuimos donde su hermana que me pidió que le ayudara con el computador que estaba con problemas. Hice lo que pude, desde enchufar lo parlantes, salir a fumarnos un pucho al patio, a reinstalar el Windows xp, pero no hubo caso, así que después de la hora que tomó todo eso, nos fuimos a la alameda. Ahí hablamos de muchas cosas, nos reímos, pelamos, copuchamos, fumamos, fumamos y fumamos, entre otras cosas (…).Nos separamos como a las doce y media y antes de irme a mi casa, pasé por fuera de la casa del Rodrigo para ver si había luz a esa hora y para mi suerte y de mis pies cagaos’ de frío, estaba despierto.Otra vez hablamos, pelamos, copuchamos, nos reímos y nos pusimos de acuerdo para salir el próximo fin semana, me llamó un taxi y me fui a mi casa.El último día de mi fin de semana, no tenía mucho que hacer, me faltaban personas por ver, pero ya eran las cuatro y no salía de mi casa. Me fui a mi pieza, truqué una de mis fotos y me fui a un cyber a subirla. Iba en colectivo, casi a dos cuadras de llegar a la plaza cuando me llamó la Romina para que nos juntáramos. En dos minutos nos estábamos viendo a una cuadra y corriendo en cámara lenta con los brazos abiertos, nos sentamos en el suelo y hablando de muchas cosas, riéndonos de todo y todos, y acordándonos de su cumpleaños hace dos semanas, me contó cosas que yo no recuerdo, y eso que reconozco que tomé harto, pero no pensé que se me había apagado la tele. Me acompañó a subir mi foto, revisamos música y le dije que me dijera alguna canción que le gustara para bajarla. “Por quién merece amor”, de Silvio Rodríguez fue la canción, me contó sobre su pololo mientras ponía la canción y la guardaba para llevarla a mi casa. Salimos del cyber riéndonos para variar y la fui a dejar al paradero para que se fuera a Chillán, aunque venía de su casa en el campo. Después de hacerle “chao” con un pañuelo y aun cagao’ de la risa, volví a mi casa para estar otro rato con mi familia, tomamos once, vi televisión y subí escuchar la canción de Silvio que ya nombré, y a ordenar mi bolso para mi onceava semana en concepción como alumno de la San Sebastián.Gran de fin de semana. Los mejores detalles no están es este texto, están en mí, en mis amigas que casi por suerte pude ver, a las que no veía hace tiempo, se pusieron mágicamente de acuerdo para buscarme este fin de semana, y bueno, lo hicieron más rico, cada una con su distinta forma de ser, El reencontrarme con la Romina del colegio, los recuerdos que tenemos con la Marisol y las respuestas que encontré en la Cindy, fueron lo que hizo mi fin de semana.Gracias amigas mías, las quiero mucho más que el momento que acaba de pasar.

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