El viernes, mientras leía la portada de “las últimas noticias”, me taparon los ojos. Lo primero que siempre hago en esos casos reconocer el olor de quien esta tras mío, y hasta ahora siempre me ha funcionado, pero esta vez no. Era el Edu que junto con el segundo estaban esperando su bus para San Carlos igual que yo, claro que en diferentes líneas.
Ese detalle me hizo pensar muchas cosas. ¿Acaso ya estaba olvidando el olor de mis propios amigos, a quienes hace menos de una año veía casi diez horas durante cinco días a la semana?, o simplemente, ¿el Edu cambio de perfume? No es que me sepa de memoria el olor de cada uno, ni el del Edu en particular, sino que al sentirlo, siempre supe reconocer a mis amigos por lo menos y era esta la primera de muchas en que me equivocaba y había sido justamente con un amigo.La siguiente hora estuvimos los tres, sentados en el suelo, como todos unos universitarios (comentario de segundo), y nos pusimos al dia en todo lo que no hablábamos desde la última vez que tuvimos instancia para hacerlo de esa forma y a pesar de esta rodeados de gente caminando, corriendo por todos lados, estuvimos allí casi la hora que faltaba para que llegar mi bus a concepción. Como a las tres y media llegó (Diez minutos de retraso) y me despedí de ellos con la clara intención de vernos el fin de semana y salir por ahí como en el verano, cuando podíamos carretear sin preocuparnos ni de la hora ni del extremo frío que hace en esta época en San Carlos.
Me di cuenta entonces que cuando la semana pasada con la Cindy hablábamos de cuanto extrañábamos la época de colegio, era más que una simple frase que cada generación repetía el año siguiente a salir de cuarto medio y era ahora cuando lo estaba notando con más intensidad, pues el día sábado, fui a la casa de rodrigo como quedamos y me lleve la “rica” sorpresa de que no había nadie en casa. Después de golpear la puerta durante unos… ¿cinco minutos?... si, más o menos…, busqué un teléfono público para llamarlo, pues me daba la impresión que a pesar de estar las luces apagadas, podía estar durmiendo o en su pieza, y el único maldito teléfono que encontré a esa hora (casi las 12:00am), era el de esa almacén donde hace unas semanas me agarré con la dueña, porque no quiso devolverme las monedas que su “aparato” me había tragado. Obligado por las circunstancias, camine bajo el frío ya antes mencionado, hasta al teléfono público afuera de urgencias. Primero, metí una moneda de diez pesos para asegurarme que no tragaría la de cien, después metí mi moneda y tras cerca de tres tonos de ocupado, colgué y a pesar del test de honradez que le practiqué antes, este, otro maldito teléfono, tragó mi moneda. Seguí caminado con el, ya dos veces nombrado extremo frío de San Carlos hasta encontrar otro teléfono para llamar a Rodrigo. Caminé un par de cuadras, cuando me di cuenta que había llegado a una cuadra de su casa de nuevo, así que mejor volví a su puerta a desquitarme con ella lo que el teléfono debió pagar, pero sin respuesta.Ya con ganas de abortar el plan “carrete fin de semana”, me fui caminando por la calle del liceo, frente al hospital, cuando una luz iluminó y desvió mi vista… un teléfono público. Recurrí a mi última moneda de cien para llamar, esta vez al Mario. Intenté varias veces, hasta que de repente, mi querido amigo, me contesta……Y ME CUELGA EL MARICON!¡¡¡Oh, ya era demasiado, dos malditos teléfonos en una noche y además uno de ellos aliado con un amigo!!! Eso ya era una señal de: “no carretees esta vez” y no podía hacer más que escucharla, pues no iba a seguir buscando otro teléfono, ni weón. Dos monedas menos después, crucé la calle para comprarme un pucho e irme a mi casa, cuando sonó mi celular. Era el Rodrigo, lo agarré a xuxas por no haber estado en su casa, pero estaba tan caliente con lo de los teléfonos, que ni las xuxas me coordinaban.Nos juntamos ahí en diez minutos y llamamos al Mario, que no quería salir.
Llamamos al sogua que no podía salir. Miré hacia arriba para ver donde mierda estaba la nube negra que seguro debía tener esa noche, pero logramos convencer al Mario de irlo a buscar a su casa y terminamos por quedarnos ahí y después de todo un cuento con los espíritus (…), fuimos a comprar bebida, maní, papas y ver una película en el cable, creo que era “Blade”, aunque después nos quedamos dormidos.El domingo vino a mi casa la eli y estuvimos en el PC haciendo un trabajo que necesitaba para una clase en la “U”, sobre madonna, entre conversa y conversa, fotos y videos, tomamos once y nos dieron las ocho de las noche, hablamos de hartas cosas, nos acordamos como es obvio del Javier, de la muy extrañada época de colegio, entre otras cosas. Después de eso y con la lluvia que traje conmigo de conce, la fui a dejar a su casa para que no se fuera sola y no se mojara tampoco.Ya en la noche, tuvimos un “sesión fotográfica” en mi casa, donde los cabros chicos fueron los protagonistas. Subí a mi pieza y de aquí sigue lo mismo que cada semana.
Uds. ya lo saben.p.d.: Cindy, sorry, no alcancé a ir a tu casa esta fin de semana, pero el próximo tendrás tus muchas, muchas, muchas fotos, OK?
julio 25, 2006
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