Salí de aquel lugar, pensé en que palabras usar, en posibles respuestas y en que hacer si algo no resultaba bien. Hacerme el tonto y decir que no pasaba nada no era una posibilidad.
Por suerte las cosas se fueron dando de la forma más onírica que pudiese haber imaginado, si hubiese tenido la capacidad de soñar en ese momento y de alguna manera me fui soltando hasta que dije todo lo que debía, como debía y dejando en claro cada cosa que la vez anterior dejé en suposiciones, sólo por usar mal las palabras. Ahora no, ya no había posibilidad de malos entendidos y por fin pude sentirme liberado de una carga que traía desde hace mucho y me van quedando menos cosas de las que salir.
cuando mi sobrino, el ya conocido Nacho, se puso a jugar con la manguera del agua y terminó por embarrarse la cara, además de toda la ropa.