mayo 29, 2011

Improvisando

Todo tiene inicio y término. Eso es lo que se nos enseña desde chicos y así mismo es como lo repetimos sin parar a darle una segunda vuelta. Las relaciones empiezan sin pensar en esa frase y no tendría sentido empezar algo pensando ya en terminarlo, sin embargo, pasa. Las relaciones no se planifican, las amistades y todo tipo de interacción humana son espontáneas y aunque todas coinciden en que el desarrollo de estas debe ser más largo que el inicio y cierre, probablemente el mayor principio que aplica sobre estas es la flexibilidad, pues sobre la marcha hay un montón de errores posibles que llevan a improvisar.

No me había tocado verlo de cerca, pero bueno, aunque me es tan extraño que dos de mis amigas cercanas hayan dado por cerrada su amistad, creo que es mejor que simplemente hacerse las tontas y dar un paso al lado sin mediar palabra sobre el asunto. Quizás esta última sería una opción válida, porque los daños no son tan al hueso, pero siempre quedará ese sabor a duda acerca del porqué la distancia, los silencios y el distanciamiento en general, aunque creo que siempre sabemos cuando la cagamos, decirlo o no es simplemente la forma y no el fondo.

Nueve años


Ayer 28 fue el cumpleaños de mi sobrino Nachín. Nueve años desde que llegó a nosotros y recuerdo perfecto el dia en que lo conocí.

Era un dia martes, yo estaba en segundo medio y almorzaba en el colegio, porque el tiempo no me alcanzaba para llegar a mi casa y volver a clases. Después de la hora de almuerzo, llega mi papá al colegio y antes de entrar a la sala de profesores, me fue a avisar que esa mañana cerca de las 8am habia nacido mi sobrino, el Ignacio. Me quedé toda la tarde pensando en como hacer para ir a conocerlo. Durante la última hora de clase de ese dia, tenía taller de teatro y ese preciso dia teniamos una presentación individual, pero yo aun seguía con la idea de irme al hospital. Recuerdo que un año más arriba estaba Carla, quien sería la tía paterna de mi nuevo sobrino, asi que fui donde ella y le pregunté si ya sabía que el bebé había nacido y pedimos permiso juntos para ir a conocerlo.

Llegué al hospital y afuera estaba mi mamá, esperándome para que pudiese entrar con ella. La cara de felicidad no se disimulaba en ella y bueno, la mia tampoco. Llegamos a la sala donde estaba mi hermana con cara de agotamiento y un pequeño bultito envuelto en mantitas celestes, un pequeño ser con una carita arrugada, ojos cerrados y que cuando tomé en brazos, me di cuenta que no sabía como agarrarlo, porque sentía que tanta fragilidad podía soltarse de mis manos. De hecho, antes de tomarlo, mi hermana y el papá de Nachín me preguntaron: ¿Quieres tomarlo en brazos? y yo les respondí que no, a lo que me miraron casi espantados preguntando el porqué, pero luego si me atreví y lo sostuve un rato.

Desde entonces nueve años, quién lo diría como pasa el tiempo. Ayer hablé por teléfono con nachín y con un par de palabras pude notar crecimiento en este pequeño. Cambios que recuerdo en mi mismo a los 9 años. Dios bendiga a ese niño, a su hermana Millaray y mis sobrinos mayores, la Feña y Nico.

2018

¿Cuántos años han pasado desde la primera vez que publiqué en esta plataforma? Cerca de 10 probablemente. Volví para reencontrarme con pensa...