febrero 03, 2011

Caminante


Si, es cierto, fui a la iglesia con mis viejos. Me gustó, me sentí cómodo y las puertas no se cerraron de golpe cuando crucé el umbral. Tengo la típica lucha interior de quienes por un lado son creyentes, pero por otro detestan las divisiones e injusticias que rodean a la religión, de quienes se llenan los bolsillos y la boca con la sencillez de la gente.

Como hijo de pastor quizás no soy lo que debería; alguien que siga los pasos o, como dijo la hermana Lidia, alguien que "camine" con el evangelio, sin embargo, de mis padres heredé esta creencia y la mantengo pese a las condiciones que podrian haberme hecho cambiarlas. Por lo demás, hasta bautizado soy y parecía apóstol ese dia de verano del 2008.

Quizás nunca sea pastor como dijo Yenis, pero nada me impide volver a la iglesia de cuando en vez. Pasa quizás por un tema familiar, pues escuchar a mi familia hablarme de Dios es algo que me devuelve a mi infancia y por lo demás, tengo la certeza de que mi padre como pastor no tiene los bolsillos llenos, ni limita a la gente a oraciones y rezos, como reclamaba Violeta Parra en su tema, "Porque los pobres no tienen"

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