
Alguien que me quiere mucho, hace unos años atrás me regaló algo que de varias formas me ha hecho cambiar mi forma de ser, de pensar e incluso de sentir. Mi hermana Ruth, quizás viendo que aquella época que tan difícil se me hizo (cuando quedé pegado en tercero medio) me estaba complicando la vida, me regaló un libro que se volvió mi favorito; “Ami, el niño de las estrellas”. Con una dedicatoria escrita por ella, ese libro llegó a revivirme de aquel bajón y siguió en mi mente por mucho tiempo. Cada vez que pasaba por alguna feria de libros, miraba si encontraba los tomos siguientes, que ya sabía que eran 3, pero nunca encontraba la segunda parte, sólo la tercera, hasta que el año pasado la encontré. Este mes recién lo leí y realmente me refresco muchas cosas del primer libro y quedé más que entusiasmado para seguir con la tercera parte.
Sinceramente, “Ami, el niño de las estrellas” es un libro que recomendaría a cualquier persona que busque leer algo que lleno de simpleza, tenga contenido y que termines replanteándote la forma en que vemos y nos explicamos muchas cosas. Me encantaría que las personas que me rodean lo leyeran y pudieran sentir de ese libro lo que me hizo sentir a mí. No se trata de susceptibilidad, sino de ver algunas cosas que ya conocemos, con los ojos de un niño, pero sin perder la objetividad.
Por otro lado, quiero contar acá algo que me pasó el viernes pasado (17 de abril de 2009) mientras estaba sólo en la casa de JP. Alrededor de las 7 de la tarde, como no estaba JP ni Marcelo, me senté en el jardín a leer un rato “Ami regresa” (2da parte de “Ami, el niño de las estrellas”) y luego de avanzar unas 20 páginas, guardé el libro y puse música, luego me volví a sentar en el jardín para mirar cuando aparecían las primeras estrellas. En eso estaba cuando me vino a la mente el tema de los ovnis y de cuanto nos gustaría a cualquiera de nosotros ver algo como eso, pero finalmente, siguiendo la línea de libro, pensé en lo que ahí se dice sobre que deberíamos maravillarnos con las cosas que nos rodean que no dejan de ser maravillosas sólo porque las veamos más a diario. Me puse a mirar una estrella que parecía moverse justo en frente mío, pero en realidad siempre las estrellas parecen moverse así que tampoco me pasé ninguna clase de rollo con eso, hasta que esa misma estrella empezó a subir lentamente con una indudable claridad. Era más brillante que las demás, como mirar una ampolleta encendida a media cuadra de distancia. Subió por sobre el tendido eléctrico y luego empezó a avanzar, desde donde yo la veía (hacia la costa) en dirección a donde yo estaba. La vi avanzar claramente, pero más bien flotaba, no tenia impulso y no hacía ruido alguno como de avión o helicóptero y según yo la distancia que llevaba desde el suelo era como de unas dos cuadras. En un momento pensé en filmarlo con mi celular, pero además de poca batería, tengo poca resolución, por lo que preferí no hacerlo. También pensé en hablarle a unos vecinos que estaban afuera conversando, pero me dio lata, así que cuando se fue acercando hacia donde estaba yo, me paré de la silla y me puse junto al portón, así si alguien me veía mirar al cielo, lo haría también, pero eso no pasó, por lo que creo que de los que estábamos ahí, nadie más lo vio. Finalmente, pasó por sobre mí y siguió en dirección al volcán Villarrica hasta que lo perdí de vista. Hasta ahora estoy alucinando con eso. Supongo que, como dice “Ami”, el que lo haya visto es parte del “plan de ayuda”… bueno, si llegan a leerlo, entenderán a que me refiero.

